Como tantas otras veces, de sus labios comenzó a salir una dulce melodía que inundó hasta el más pequeño rincón de toda la casa. Aun con el pijama puesto, salió de puntillas de su habitación, dando piruetas por los pasillos. Recorrió cada centímetro, como si no se conociera ese lugar de memoria. Sus cabellos enmarañados volaban a su espalda y su ojos soñadores observan cada línea y cada sombra, como si deseara encontrar algún secreto oculto.
Mientras tanto, fuera, en aquella mañana de Octubre, la lluvia seguía cayendo y las gotas, como pequeños diamantes transparentes, chocaban contra su ventana.



