Aquella mañana al abrir los ojos se encontró con un día triste, las nubes estaban grises y el cielo estaba llorando. Salió corriendo de la cama y fue directa hacia su ventana, diminutas gotas chocaban contra el cristal y un aire fresco con olor a lluvia inundaba la casa. Una sonrisa le iluminó el rostro y sus enormes ojos castaños se encendieron como estrellas. Le encantaba la lluvia, le encantaba oír el dulce sonido que hacían las gotas al chocar contra el cristal.
Como tantas otras veces, de sus labios comenzó a salir una dulce melodía que inundó hasta el más pequeño rincón de toda la casa. Aun con el pijama puesto, salió de puntillas de su habitación, dando piruetas por los pasillos. Recorrió cada centímetro, como si no se conociera ese lugar de memoria. Sus cabellos enmarañados volaban a su espalda y su ojos soñadores observan cada línea y cada sombra, como si deseara encontrar algún secreto oculto.
Mientras tanto, fuera, en aquella mañana de Octubre, la lluvia seguía cayendo y las gotas, como pequeños diamantes transparentes, chocaban contra su ventana.
Como tantas otras veces, de sus labios comenzó a salir una dulce melodía que inundó hasta el más pequeño rincón de toda la casa. Aun con el pijama puesto, salió de puntillas de su habitación, dando piruetas por los pasillos. Recorrió cada centímetro, como si no se conociera ese lugar de memoria. Sus cabellos enmarañados volaban a su espalda y su ojos soñadores observan cada línea y cada sombra, como si deseara encontrar algún secreto oculto.
Mientras tanto, fuera, en aquella mañana de Octubre, la lluvia seguía cayendo y las gotas, como pequeños diamantes transparentes, chocaban contra su ventana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario