Una brisa fresca con un leve olor a vainilla entra por la ventana abierta. Las cortinas bailan con el viento y el sol se cuela por algunos rincones. Ella está sentada en su silla junto a sus amigas, no se mueve, solo escucha como su profesor habla y gesticula de forma exagerada con las manos. Siempre ha pensado que las palabras de ese hombre son sabias e intenta prestarle una cuidadosa atención. Han pasado ya tres años desde la primera vez que entro en esa clase que ahora, está llena de pequeños recuerdos que la hacen especial.
Inconscientemente pasea los dedos por la mesa, los hace bailar, como si allí hubiera un piano que solo ella puede ver. A su lado una de sus amigas, una rubia de ojos dulces, le sonríe, le encanta aquella sonrisa, le hace pensar que nada malo puede ocurrir. Esa chica que ahora la observa conoce todos sus miedos y secretos, sabe quien es el chico de ojos oscuros que merodea por sus sueños y sabe también que sus mejilla se llenaron de lágrimas negras al perder una amiga. Ella la ha ayudado a reparar su corazón, a recogidos los trozos y los ha puesto en su lugar. Cada día a echo que su vida sea un poquito mejor.
Sin saber que mas hacer le devuelve la sonrisa, porque sabe que no es la primera y que no sera la ultima.
Inconscientemente pasea los dedos por la mesa, los hace bailar, como si allí hubiera un piano que solo ella puede ver. A su lado una de sus amigas, una rubia de ojos dulces, le sonríe, le encanta aquella sonrisa, le hace pensar que nada malo puede ocurrir. Esa chica que ahora la observa conoce todos sus miedos y secretos, sabe quien es el chico de ojos oscuros que merodea por sus sueños y sabe también que sus mejilla se llenaron de lágrimas negras al perder una amiga. Ella la ha ayudado a reparar su corazón, a recogidos los trozos y los ha puesto en su lugar. Cada día a echo que su vida sea un poquito mejor.
Sin saber que mas hacer le devuelve la sonrisa, porque sabe que no es la primera y que no sera la ultima.

Cuida la ortografía. De nada.
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